Molino de ideas: Eduardo Basterrechea y Elena Álvarez

Elena Álvarez Mellado, lingüista intrépida en Molino de Ideas.

Elena Álvarez Mellado, de Molino de Ideas @lirondos

Eduardo Basterrechea, alma mater de Molino de Ideas.

Eduardo Basterrechea, de Molino de Ideas. @ebaste

 

“El lenguaje es una estructura apasionante sobre la que trabajar. Nos ayuda a conocernos a nosotros mismos.”

Entrevista a Eduardo Basterrechea y Elena Álvarez Mellado, de Molino de Ideas


La filología, el estudio de la lengua y las humanidades digitales suelen considerarse fuera de los círculos especializados como un tipo de conocimiento con poca aplicación práctica más allá de la docencia. El proyecto de Molino de ideas, una empresa que aúna lengua y tecnología, nos demuestra lo contrario: charlamos con Eduardo Basterrechea, alma mater de Molino de ideas, y Elena Álvarez Mellado, miembro del equipo que trabaja en tecnología lingüística y el Procesamiento de Lenguaje Natural. Eduardo y Elena nos explican cómo surgió este proyecto entre lo quijotesco y lo pragmático; lo hacen con entusiasmo, ilusión y unas reflexiones interesantísimas para el mundo ELE. También nos hablan sobre su proyecto formativo para profesionales de la lengua, Lenguando, un encuentro presencial que cree en la diversidad y en la necesidad de abandonar la especificidad y generar el intercambio entre áreas de conocimiento aparentemente alejadas y unidas por un mismo elemento: la lengua.

#Molino de ideas  #Conociendo a Eduardo y a Elena

Molino de ideas es una empresa de Procesamiento de Lenguaje Natural (PLN) que pone a disposición de los usuarios herramientas lingüísticas, recursos educativos y programas de forma gratuita y abierta. Como usuarios percibimos vuestro entusiasmo por el estudio de la lengua, nos gustaría conocer la intrahistoria del Molino. ¿Quién se imagina este proyecto? ¿Cómo surge? Tanto por el proyecto como por aquello de los molinos parecería una auténtica quijotada…

Eduardo: Pues un poco de todo esto. Molino de ideas es una ilusión, es un sueño de que las cosas sean como nosotros pensamos que deberían ser. Es un proyecto pensado desde aportar soluciones y nuestro propio modo de ver la vida. Si os parece, empiezo un poco por la secuencia de acontecimientos que nos llevaron a empezar el proyecto.

Molino de ideas

Por diversas circunstancias yo acabé dando clases de PLN en la Universidad Complutense. Y me empecé a divertir con el tema. Me encontré con un grupo de alumnos que tenían diversos orígenes y diverso conocimiento sobre programación informática. Así que resultaba muy improductivo centrarse en el tema de la programación de sistemas gramaticales simplificados e inexistentes en el mundo real. Se me ocurrió que siendo un grupo tan diverso, podríamos aprender mucho unos de otros y empezamos a pensar entre todos sobre el lenguaje. ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Qué estructura tiene? Y año a año, con las aportaciones de las diferentes promociones, fuimos creando un modelo que permite obtener la información que hay en los textos y estructurarla.

Un día le comenté el modelo a un amigo, en la típica conversación de sobremesa, y me dijo que sonaba muy bien, que él financiaba la mitad del proyecto si nos poníamos en marcha. Y me quedé bastante sorprendido. En realidad, yo estaba viviendo tranquilamente, acababa de recibir un dinero de la herencia de mi madre y me dije, ¿cuántas veces en la vida te vas a encontrar en una situación como esta? y nos lanzamos a la aventura de crear un sistema que mejorase los resultados y la información que aporta Google. Estábamos bastante locos para empezar algo así en el 2008 cuando la crisis comenzaba. También nos pareció que sería difícil que alguien confiase en nosotros sin más, así que nos fijamos un objetivo intermedio. Crear algo útil que generase ingresos y que nos sirviera para demostrar nuestra capacidad.

Eduardo: Hemos pasado de desarrollar cosas que se nos ocurren a desarrollar productos, cosas que pueden solucionarle un problema a alguien.

Así pues, dejamos el modelo para más adelante y nos centramos en crear una plataforma o una web que aportase funcionalidades lingüísticas a los filólogos y lingüistas y les permitiera generar sus propios modelos, que es lo que en la actualidad es Apicultur.

También pensamos que lo más importante para “dominar el español” sería dominar el verbo, por lo que nos pusimos a pensar en la conjugación del verbo en español y creamos Onoma, el primer conjugador verbal en el mundo, todavía no hay otro para español u otra lengua, que permite conjugar cualquier verbo, hasta los inventados. Lo presentamos en el 2010 y escribimos un libro que explica el modo de conjugar los verbos en español usando ese modelo y que utilizan básicamente extranjeros. En ese momento nos dimos cuenta de que el sistema era tecnológicamente muy bueno, pero estaba muy alejado de las necesidades cotidianas de los usuarios, así que empezamos nuestro camino de aprender a acercarnos a los usuarios, cosa que hicimos con Molinolabs y Gominolabs. Fue nuestra manera de aprender a hacer cosas más simples pero más útiles. Y más adelante empezamos a pensar en diccionarios, de hecho pensamos muchísimo sobre diccionarios y todo eso acabó cristalizando en Miniñol, y el Refranario, dos estupendos diccionarios muy orientados a los aprendientes de español.

ApiculturUna vez hecho todo esto, fuimos creando un grupo de usuarios y amigos y empezamos a darle vueltas a cómo podríamos aprovechar todo el potencial de la gente que había a nuestro alrededor. Un día coincidimos con Antonio Martín de Cálamo & Cran y junto con Xosé Castro pensamos que sería estupendo crear un espacio en el que diferentes profesionales de campos relacionados con la lengua interaccionasen y se comunicaran. Y así nació Lenguando. Y a partir de Lenguando, que sólo son algunos fines de semana, pensamos en que estaría estupendo podernos encontrar todos a diario en un espacio, y surgió CoLenguando. Entre medias disfrutamos de la convivencia con la Fundéu, de los que aprendemos un montón. Así que, sí, tremendamente quijotesco el asunto.

En ccontinuum pensamos que el proceso de cambio en el que estamos inmersos nos lleva a un nuevo escenario que nos obliga a la reinvención profesional. Eduardo, ¿cómo un ingeniero acaba dedicándose a diversas tareas que tienen como elemento común el lenguaje, la comunicación y la tecnología?

Eduardo: Efectivamente, a pesar de las crisis de todo tipo que estamos viviendo y en la que la gente lo está pasando muy mal, estamos viviendo un momento excepcional. El mundo está cambiando muy rápidamente y los que disfrutamos aprendiendo de todo estamos de enhorabuena. En mi caso particular, llego desde la modelización. Lo que mejor se me da, creo yo, es analizar situaciones y crear modelos. Y el lenguaje es una estructura apasionante sobre la que trabajar. Nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Y es lo que más me interesa. Saber qué somos.

Elena, ¿cómo una lingüista se decide a crear herramientas que aúnan conocimiento filológico y aplicación tecnológica?, ¿cómo descubriste este mundo? Hace tiempo que acabamos la carrera pero, hasta donde sabemos, más allá de la docencia o el trabajo en editoriales, no es habitual plantearse esta salida profesional.

Elena: Pues, literalmente, de casualidad: acabé en una de esas clases que impartía Eduardo porque me equivoqué rellenando los papeles de matrícula. Tal cual. A mí por entonces ya me divertía (como sigue haciéndolo) mucho la lengua, sobre todo buscar la regla general, la estructura lógica que permite modelizar cómo funcionan los distintos aspectos de la lengua. ¿Cómo se construyen los diminutivos en castellano? ¿Y los superlativos? ¿Cómo puedo derivar un verbo hacia su sustantivo acabado en -ión? ¿Cómo pasamos del latín “apiculam” a “abeja” en castellano? Me resulta interesantísimo buscar esas reglas que articulan el sistema, el lenguaje, reglas muy estrictas del tipo “Si A, entonces B”, bastante alejadas del “a veces es así, a veces es asá, y luego tenemos estas doscientas excepciones” que es a lo que estamos acostumbrados en lengua.

No nos damos cuenta porque cuando hablamos lo hacemos con toda naturalidad, parece que “sale solo”, como caminar o respirar, pero detrás de ello (de andar, de respirar y también de hablar) hay reglas, una estructura lógica que rige nuestra producción lingüística, es decir, lo que decimos. Hay un orden gramatical detrás. Y justo esa lógica, esas reglas son las que buscamos porque nos permiten construir las diversas criaturas de análisis lingüístico que creamos en el Molino. Para mí fue un gran descubrimiento, ¡eso que a mí me divertía tanto hacer servía para construir cosas que después tienen una aplicación en el mundo real!

#Emprender aunando lengua y tecnología

¿Cómo es el proceso que va de la creación de ideas basadas en la lengua al diseño y materialización de estos recursos tecnológicos? ¿Cuáles son las aplicaciones del PLN sobre las que trabajáis en Molino de Ideas?

Eduardo: Ese ha sido nuestro mayor aprendizaje. Hemos pasado de lo que podríamos llamar aprendizaje por proyectos, es decir, desarrollar cosas que se nos ocurren, a desarrollar productos, es decir, cosas que pueden solucionarle un problema a alguien. Así que el proceso fundamentalmente trata de abrir los ojos y ver qué demanda la gente a tu alrededor y solucionarlo del modo más simple posible.

Elena: Es una aproximación a la que no estamos tan acostumbrados o, al menos, no cuando uno está recién salido de la facultad y, más aún, si viene de estudios de letras o humanistas, donde uno no está acostumbrado a pensar cómo lo que sabe puede serle útil a los demás o resolverle un problema (al menos ese es mi caso). Es un aprendizaje pasar del “sé una barbaridad sobre la morfología flexiva y derivativa del castellano” al “cómo puedo hacer que esto sobre lo que yo sé pueda ser útil”. Porque el conocimiento lingüístico es tremendamente útil, pero tendemos a enfocar nuestro conocimiento más hacia la erudición que hacia el servicio o la utilidad. Es genial que el conocimiento lingüístico tenga aplicación y ayude a resolver problemas, no solo por una cuestión puramente práctica, también lo hace mucho más gratificante.

Elena: El conocimiento lingüístico es tremendamente útil, pero tendemos a enfocar nuestro conocimiento más hacia la erudición que hacia el servicio o la utilidad.

A partir de esa concepción (viendo cómo lo que sabemos puede resolver problemas) hemos ido aprendiendo, trabajando y creando distintas criaturas: diccionarios, corpus, analizadores morfológicos, recursos didácticos, sistemas de ejercicios de lengua autocorregibles, servicios de búsqueda… Y algún que otro disparate por pura diversión.

Somos muy fans de ClikLex, del Diccionario Etimológico de Monlau, el Refranario y el Miniñol, herramientas muy recomendables para los que, como nosotros, nos dedicamos a la docencia del ELE. También solemos usar el insultador de vez en cuando… De entre todos vuestros inventos, ¿cuáles son las herramientas lingüísticas más utilizadas por los usuarios?

Eduardo: El insultador y el mezclador de refranes son de las más usadas. También los Gominolabs. Mi favorita, sin ninguna duda, es el diccionario etimológico de Monlau. Me emociona ver que hemos convertido una obra de un ilustrado, de un pionero en una obra pionera, un diccionario convertido en API. A nivel intelectual, Miniñol me encanta. Es un producto magnífico que todavía no hemos sabido “vender”, pero que encontrará su lugar, antes o después.

Diccionario MonlauElena: El insultador automático tiene mucho tirón. Yo soy una teórica y me pierde el armatoste lógico, así que me quedo con Onoma, el conjugador de verbos. Me parece una maravilla haber encontrado las reglas que permiten conjugar cualquier verbo en español. Tenemos muy interiorizada esa idea de que la pobre conjugación verbal es caótica, irregular e impredecible, pero no es así, en último término todos los verbos obedecen unas reglas y su conjugación y sus posibles irregularidades son predecibles. Pasamos de no saber cómo se conjuga un verbo a priori (a menos que nos lo sepamos o tengamos un manual que nos lo chive) a saber cómo conjugarlo solo a partir del infinitivo y aplicando reglas lógicas y formales. Es un cambio gigantesco respecto a la idea habitual que solemos tener de cómo funciona la conjugación verbal.     

La traducción automática, ¿cómo va a afectar al papel de los traductores y de los profesores de lenguas extranjeras? Nos gustaría mucho saber qué pensáis al respecto, es un tema del que se empieza a hablar bastante y que en ocasiones genera inquietud entre algunos profesionales.

Eduardo: Es un tema que veo desde fuera. Pero en mi experiencia de otras áreas que han pasado a ser mecanizadas. El proceso acaba desembocando en un trabajo más creativo. Se habla de transcreación, de adaptación cultural. En fin, lo tedioso pasará a las máquinas y lo entretenido y que requiera de más neuronas será para las personas.

#ELE

¿En qué medida está el ELE presente en la concepción de vuestras herramientas y recursos tecnológicos?

Eduardo: Mucho, pensamos mucho en ellos, pero nosotros somos sólo fabricantes de herramientas. Necesitamos de la mano del artesano, del profesor en este caso, para que adquieran valor. Y es una de nuestras tareas pendientes contactar con vosotros, escuchar y aportar lo que podamos.

#Molineros

El grupo de Molineros, ¿quiénes sois? Contadnos sobre los integrantes del Molino, cómo trabajáis, sabemos que recientemente habéis inaugurado un nuevo espacio de coworking en Madrid.

Eduardo: Hemos sido muchos diferentes. Personas que se han dejado su tiempo y su trabajo haciendo las herramientas y que ahora están haciendo otras cosas. Ahora somos seis, fundamentalmente filólogos, lingüistas y algún informático. Trabajamos muy al día a día, utilizando bastante la intuición y tratando de encontrar el siguiente paso. Todo es bastante colectivo y a la vez muy independiente. Tratamos de repartir responsabilidades y apoyar a los que más trabajo tienen en cada momento. Pero es fácil vernos en funcionamiento. Os pasáis por calle Encomienda 21 en Madrid y nos podéis veis en acción. Creo que al final lo que más nos define es aquello del “¿por qué no?”.

La sensación que tenemos en ccontinuum es que en Molino de Ideas estáis haciendo una labor muy importante en la investigación y el estudio de la lengua,  especialmente porque creemos que estáis sacando la filología de los despachos, la Academia, la educación formal, y estáis rompiendo estereotipos muy arraigados sobre su supuesta inutilidad, sin perder el rigor y con un tono cercano poco habitual que nos encanta y que creemos que está calando en los profesionales de la lengua que se acercan a vosotros. ¿Sois un laboratorio de ideas al margen del aprendizaje formal?, ¿filología expandida?

Eduardo: Llámalo equis, que diría mi madre. Las cosas son muy simples, somos los que en la multitud cuando pasó el emperador desnudo, nos reímos y dijimos, ¡está desnudo! Intentamos mantener esa mirada, pero no es fácil. Por supuesto desde el absoluto respeto a lo que hacen los demás, sobre todo los que trabajan desde el interés en ser útiles. Todos sumamos y todos debemos respetar el trabajo del resto, pero como una red, no como una pirámide. No hay nadie más importante que otro. Entre todos sujetamos el tinglado. Y siempre que se pueda aportar ahí estamos. Sumando.

Elena: Me encanta la idea del laboratorio de ideas o de la filología experimental. Creo que nos identificamos mucho con esa noción. Hace poco nos dijeron que éramos el circuito indie de la lengua, que a mí me encanta. Pero fuera del gremio, la lengua tiene fama de antipática. A más de uno le recorren sudores fríos acordándose de las clases de lengua en el cole porque nunca acabó de entender bien por qué aquello era complemento directo. De alguna manera, parece que un lingüista es un monje estudiando manuscritos polvorientos o un señor que te da con una escoba en la cabeza porque “hablas mal”. Y en absoluto es así. Hay mucha más lengua y es mucho más divertida que esa idea preconcebida, pero tenemos que ser nosotros mismos (los que nos dedicamos a esto) los primeros interesados en quitarnos el sambenito y acercar al lego lo que hacemos de una manera atractiva y abierta. Desde el Molino, contribuimos en la medida de lo posible en esta aproximación divulgativa, participativa y cercana de la lengua. ¡Abajo las escobas!

#Formación  #Lenguando #Lenguantes

En ccontinuum somos de la opinión de que en un mundo marcado por la Internet, lo que tenemos que plantearnos es cómo podemos innovar en el contexto presencial, por eso nos interesa mucho la idea de Lenguando. Frente a otro tipo de encuentros académicos de carácter formal, vosotros proponéis un acercamiento a la lengua práctico, dinámico, formativo y profesional y desde una perspectiva multidisciplinar. ¿Qué aporta Lenguando a los formatos que ya conocemos?, ¿qué se puede llevar un profesional de la lengua que asista a vuestros eventos?

Eduardo: Como os comentaba, estuve muchos años dando clase en la universidad, sobre todo en el momento en que empezaban los campus virtuales. Y no entendía cómo la universidad presencial renuncia a la ventaja del contacto físico y abraza un modelo pensado para sustituir el contacto presencial. Cada vez más cuesta coincidir con otras personas y hay que aprovechar esos momentos. Mis clases se empleaban en hablar y debatir y es lo que hacemos en Lenguando. Poner los medios para que la gente se comunique y aprendamos unos de otros y avancemos.

Lenguando

Hace un par de años estuve en San Francisco y visité Google y algunos lugares de coworking. Se supone que en Google está la gente mejor preparada y con más capacidad. Sin embargo, me pareció que en los lugares de trabajo conjunto, había mucha más vitalidad y muchas mejores ideas y proyectos que en el paraíso Google. Estamos aprendiendo muy rápido y la mejor manera de aprender es de los otros, de sus experiencias, y eso hacemos en Lenguando. Poner a la gente en contacto y que descubran que son útiles, que saben hacer muchas cosas y que tiene mucho que aportar. Y con esto que aporten, ganarse la vida. 

Elena: Con el tiempo yo he acabado haciendo algo de orgullo de mestiza, y Lenguando y el Molino me confirman que hay algo acertado en esta premisa. Me explico: tendemos a crear grupos de expertos, congresos de eruditos. La educación y la profesionalización caminan en esa dirección: saber cada vez más de un ámbito que cada vez es más pequeño. Ser un gran experto es saber mucho de un tema muy pequeño, y juntarse con otros que viven metidos en la misma guerra que tú, en ese ámbito que es cada vez más especializado y que es el rincón del conocimiento en el que nos sentimos cómodos porque es de lo que sabemos mucho (y nadie nos puede rechistar). De alguna manera, vivimos en la cultura del experto.

En el Molino yo (diría que todos, pero hablo desde mi percepción personal) he recorrido el camino contrario: ir metiéndome en temas, campos y mil fregaos que, a priori, no eran “de lo mío” o en los que era una total ignorante. Eso te lleva a descubrir otros campos de los que no tenías absolutamente ni idea y en los que, de pronto, eso que tú sabes aporta algo que los que estudiaban ese campo no habían ni pensado. O al revés, hablas con alguien de otra disciplina y sus trabajos te resulten inspiradores. Lenguando (y coLenguando también) tiene algo de celebración de lo híbrido y de lo enriquecedor de estas mezclas aparentemente imposibles: ¿qué pasa si se juntan un traductor y un programador? ¿Y un filólogo y un publicista? ¿Y un periodista con un intérprete de lengua de signos? El resultado es que que uno acaba descubriendo que lo que sabe (y quizá daba por sentado y no le daba importancia) es muy valioso y revelador para otros.

Lengua & té, encuentros informales, ¿cómo creáis esta iniciativa?

Eduardo: Los Lengua & té son el modo de mantener el contacto entre asistentes de Lenguando y además ampliarlo a otras personas interesadas en la lengua. Es tomarte un té (o un café, o cada uno lo que quiera) y conocer a alguien que tiene experiencias e ideas interesantes.

Elena: Lengua & té sigue la misma filosofía que los Lenguandos, pero a pequeña escala: reunirse con personas con las que compartes el interés (profesional o personal) por la lengua y charlar de manera informal. Se puede unir quien quiera, y todo el que quiera llevarlo a su ciudad o localidad puede organizarlo. A día de hoy, tenemos ediciones de Lengua & té en Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Vigo, Londres, París, Gijón, Segovia, Las Palmas… La verdad es que son interesantísimos y una manera estupenda de conocer gente interesante con los que acabas trabando amistad.

#El futuro

¿Por dónde pasan vuestros planes a futuro?

Eduardo: Pues pasan por aprender y aprender y aportar lo que podamos. Pasan por ampliar los espacios y los tiempos en los que podamos coincidir, con los lenguandos y los colenguandos, y desarrollar y adaptar las herramientas que tenemos. Y quizá por un diccionario. 😉

Elena: Sea lo que sea que venga, sobre todo divertirnos y pasarlo bien. Suele ocurrir que cuando miramos un año atrás en el Molino nos sorprendemos y pensamos “quién nos iba a decir que acabaríamos haciendo esto y lo otro”. Ojalá mantengamos ese sentimiento de sorpresa y aventura permanente mucho tiempo.  


¡Muchas gracias por estas fabulosas reflexiones! Agradecemos mucho vuestra colaboración, nos ha encantado escucharos y esperamos que a los lectores también.

Si quieres seguir los proyectos de Molino de Ideas te invitamos a hacerlo a través de su perfil en Twitter: 

@molinodeideas @lenguando

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